miércoles, 8 de junio de 2011

El hombre de las dificultades

11:23 de la noche

Hoy me pasó algo especial, y trataré de contarselos lo más breve posible.
Cada miércoles asisto con mamá a una reunión en casa de unas personas de la iglesia, donde compartimos un tiempo de compartir la Palabra, de oración, de alabanzas, de koinoia. Y hoy miercoles, fue uno de esos días. Asistimos a la reunión, comenzó con las alabanzas, luego llegó un tiempo donde la persona que dirige estas reuniones compartió una reflexión a través de la Biblia, y luego dijeron lo siguiente: "Bueno hermanos, vamos a hacer un grupo de mujeres y otro de hombres para poder orar por alguna necesidad que tengamos". Y así fue, nos juntamos para orar, y hubo una persona que tuvo la iniciativa de preguntar cómo estabamos y si es que teníamos alguna necesidad para poder orar.

Eramos un grupo de cuatro hombres; pirmero hablo rápidamente un joven y luego le tocó el turno a quien les escribe esta noche, ahí compartí algunas necesidades que tengo. Luego le tocó el turno a un hombre, adulto por supuesto, y comenzó a contarnos algunos problemas que estaba pasando a la persona que había tenido la amabilidad de dirigir este tiempo de oración en grupo al preguntarnos nuestra necesidad. Este hombre, se notaba angustiado, acongojado por el dilema laboral, económico y familiar en el cual se encontraba transitando.

La verdad es que, cuando este hombre hablaba, mis problemas parecía intrascendentes, sin importancia. Dije dentro de mí: "Este hombre si que está pasando conflictos". Este hombre nos relataba el conflicto que atesoraba dentro de sí por querer hacer las cosas bien. Nos contaba cuales eran sus luchas y las circunstancias difíciles que pasaba al querer hacer lo que Dios quería que haga.

Cada palabra, cada detalle, cada expresión que el pronunciaba de sus labios, eran una perla para mí. ¿Porqué? Porque me di cuenta que hay cosas más importantes en esta vida, este hombre me enseñó que el respeto, el temor a Dios y el reconocer tus errores, son cosas valiosas en esta vida. Me enseñó que debemos de preocuparnos más por el otro, que por nosotros mismos. ¿No es ese el verdadero evangelio?¿Acaso no fue el amor al prójimo lo que nos enseñó Jesús? ¿Qué pasó con eso? ¿A dónde se fue?. Estamos acostumbrados a pedir, pedir y pedir por nosotros mismo, por nuestra conveniencia, por nuestra prosperidad, por nuestra mejoría; sin embargo hay mucha gente alrededor nuestro que está mucho peor que nosotros, gente que necesita mucho más de lo que necesitamos nosotros. ¿Cuando nos daremos cuenta de eso? ¿Cuando será el día en que tu y yo dejemos de pensar en nosotros mismos y pensemos en el otro? El día que eso ocurra, será un gran avance para la humanidad y para todo aquel que tiene la gracia de llamarse cristiano.

Este hombre no me dijo nada, solo compartió sus cargas. La enseñanza es simple: acordémonos de lo que más lo necesitan, aunque sea en nuestras oraciones.

Hoy dedico estas líneas a este hombre, la verdad no dijiste nada...pero me enseñaste mucho.

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